COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR)  - “Pensé que veníamos cuidándonos muy bien pero a mediados de junio empecé a sentirme mal. Yo tengo sinusitis crónica y pensé que era eso, pero fines de junio comencé a tener fiebre. Me pareció raro porque había tenido sinusitis pero nunca con fiebre, así que un viernes a la noche llame a una clínica de la ciudad para ver cómo tenía que hacer”.

Quien cuenta su experiencia es Patricia, una docente de Comodoro que vive en el barrio San Cayetano y que junto a su hijo se contagió de coronavirus, enfermedad que ya suma 279 contagios en Comodoro y Rada Tilly y que este sábado tuvo su record en un día con 19 casos positivos.

Madre de tres hijos de 18, 11 y 6 años, Patricia accedió a hablar con ADNSUR y dar su testimonio de cómo vivió la “angustiante experiencia del coronavirus”, que obligó a la familia a partir la casa en tres y tomar todos los recaudos luego que ella y su hijo mayor dieron positivo.

ENTRE LA CONFUSIÓN Y LA REALIDAD

Cuenta Patricia que los primeros síntomas aparecieron a mediados de junio. Pensó que eran los efectos de la sinusitis crónica que padece y decidió pedir un turno con el otorrino, a fin de cuentas “había dejado todos los controles pendientes” y sabía que en cualquier momento sentiría las consecuencias. Necesitaba remedios y placas para estar preparada.

El dolor de cabeza fue algo que le llamó la atención, pero lo asociaba al trabajo home office y la permanencia en la computadora.

Esa noche que sintió fiebre decidió llamar a la clínica y tuvo su primer acercamiento al coronavirus. Al otro lado del teléfono le hicieron las preguntas de rigor que impone el protocolo, le pidieron que asista con tapabocas y que avise cuando llegue al centro asistencial. Una vez allí continuaron las preguntas: ¿si estuvo con un contacto estrecho?, ¿si había salido? Ella fue sincera.

Solo había salido para hacer las compras, un día había visto a mis cuñadas que estaban en la misma situación que estaba yo, con una cuarentena en casa estricta, sobre todo ellas que tienen a mi suegro mayor de edad. No teníamos nadie que había llegado de viaje, no teníamos nada”, recuerda.

Esa noche en la clínica la atendieron como si fuera una sinusitis. Le dieron antibióticos y con el paso de los días mejoraron los síntomas. Patricia vio a su otorrino, le hicieron las placas y todo marchaba bien, como un cuadro normal de su patología crónica. Sin embargo, un día perdió el gusto.

“En ese momento me di cuenta que tomar un jugo cítrico era como tomar literalmente agua, pero no me alarme porque el otorrino me decía que tenía todo muy inflamado. Ahí es donde yo calculo que comencé a tener Covid porque lo del gusto me parecía extraño y a los días perdí el olfato. Tiré un rociador en las almohadas que pongo siempre y no sentí nada”, recordó.

Patricia admite que en un principio no pensó que era coronavirus. Los síntomas eran confusos. A veces tenía fiebre y a veces nada. Pero todo cambió unos días después cuando su hijo mayor le advirtió que su papá estaba cocinando pero que él no sentía los olores. Ahí comenzó la pesadilla.

“En ese momento fue que dije ‘esto no es mi sinusitis’. Entonces llame al 0800 de Covid, me explicaron cuáles son los síntomas y yo le conté que estábamos sin olfato. Recién comenzaban a trabajar los centros centinelas así que nos pidieron que nos acerquemos al otro día al que estaba en el barrio. Fuimos los primeros en llegar, nos tomaron los datos, nos preguntaron los síntomas, pero no teníamos contacto estrecho y eso generaba duda. Hasta que llegó la clínica, comenzamos a narrarle los síntomas, y nos dice que nos van a tener que hacer el hisopado. A las 24 horas nos llamaron del Área Programática y nos dijeron que era positivo”.

 

 

Patricia asegura que cuando le hicieron el hisopado se dio cuenta de todo el esfuerzo que están haciendo los médicos, enfermeros, laboratoristas y demás integrantes de la salud pública. Admite que fue doloroso “ver niños y familias enteras” atravesando esa situación y que el hisopado es un proceso difícil.

“No es un procedimiento más, no es sacarte sangre, es doloroso, es doloroso estar ahí. Uno dice no quiero que pase nadie por esto. Cuando me dijeron que era positivo lo primero que pensé fue cómo hago para no estar con mi hija que es la más chica. La doctora me dice ‘es eso o pensemos en un lugar donde se aíslen con tu hijo’. Y uno al ver lo nenes se me pasaba por la cabeza que no tengan que pasar por eso", admitió.

LA CASA PARTIDA EN TRES

Por ese entonces los síntomas de Patricia habían cambiado. Además de la pérdida del gusto y el olfato, sentía la garganta seca, “como si hubiese estado corriendo con la boca abierta”.

Al otro día, la Policía Comunitaria se acercó a su casa y le ratificó que eran positivo de coronavirus. Los agentes les recordaron las medidas preventivas y el aislamiento obligatorio. Ellos tuvieron que reorganizarse: eran cinco y el temor era contagiar al resto.

Como su marido, su hijo del medio y su hija menor no tenían síntomas, decidieron aislarse cada uno en un cuarto separado. Su esposo se fue al quincho y los nenes cada uno en su habitación. La casa literalmente se partió en tres y obligó a reorganizarse.

Para almorzar decidieron turnarse y extremar las medidas sanitarias. Además cada uno se hacía cargo de sus residuos y los tiraban con doble bolsa para evitar un posible contagio a otras personas. El baño era desinfectado cada vez que era utilizado.

 

Patricia por suerte ya venía pasando el mayor tiempo en su habitación. Mientras que los nenes más chicos pasaban tiempo en la planta baja, y con su esposo ya no tomaba mates. Ella asegura que fue algo inconsciente, parte de las medidas preventivas que tomaron como familia, y cree que su hijo se contagió porque un día agarró su mate y su termo. Lo raro es que ella durmió junto a su esposo pero él nunca tuvo síntomas ni se contagió. 

La mujer valora que fueron monitoreados constantemente por el sistema sanitario. Todos los días un médico se comunicaba con ellos para saber cómo estaban. “Había días que yo evolucionaba bien y otros que no, sentía que el oxígeno no llegaba. Mi hijo en cambio solo perdió el olfato, no tuvo fiebre, nada. Fue una experiencia como muy angustiante. Yo agradezco mucho la contención del médico que nos monitoreaba porque al no saber que otro síntoma podría despertar al otro día era angustiante y pensar que podía haber contagiado a otra persona. Pero por suerte no habíamos estado con más personas, más que ese encuentro con mis cuñadas, y una dio positiva y otra negativo. Y otro amigo me había traído algunas cosas y lo recibí en el portón de casa”, indica. 

La semana pasada Patricia y su hijo fueron dados de alta. Atrás quedaron los miedos por la falta de aire, los monitoreos y todas las sensaciones del virus, algo que no quiere que le suceda a nadie más.

Es que como dice no es una gripe. “Todos dicen que es un resfrió común pero yo les hago entender que no. Es el primer resfrió donde no tenés mocosidad, acá no había nada de eso. Era subir las escaleras o bajar para ir al baño y que la respiración parece que no alcanza. En los síntomas no hay nada escrito, la enfermedad pasa con el cuerpo de una forma que no tenemos en claro. No sabes si se termina a los tres días o cuando vas a recuperar el olfato”, indica.

Y sentencia. “Yo pensaba vengo haciendo todo como corresponde. En Comodoro recién se estaba hablando del contacto estrecho y uno piensa es una locura que me pueda contagiar. Pero cuando fui al centro de hisopado fui consciente de lo que significa estar en una pandemia. Ver a niños atravesando esta enfermedad o grupos familiares enteros. Por eso no hay no hay que desestimar el virus.  Hoy por hoy creo que en Comodoro no estamos teniendo conciencia que lo único que para el virus es la no circulación y estamos haciendo todo lo contrario”, lamenta Patricia, y los números de este sábado parecen darle la razón.