COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - La movida del gobierno es inteligente en cuanto a los interlocutores, ya que las caras visibles hace un mes en las reuniones eran Mariano Arcioni, Federico Massoni y Luis Tarrío, mientras que en los últimos días son Mariana Vega, Oscar Antonena y Andrés Meiszner. 

Son caras nuevas que buscan oxigenar una relación que estaba desgastada y que necesita recuperar primero que nada algo fundamental: la confianza.

Luego de comprometerse en paritarias a pagar montos salariales que estaban fuera de sus posibilidades presupuestarias, el gobierno necesita ahora mostrar seguridad y garantías: el nuevo ministro de Economía está ante el desafío de dar a conocer su plan, de explicar los pasos a seguir, y de ir demostrando que cada compromiso que se asume, se cumple. 

Por eso esta semana que viene será clave para el futuro del conflicto: si el gobierno logra pagar en tiempo y forma al último rango de sueldos, y además es capaz de dar certidumbre de cómo piensa pagar los aumentos pendientes, y más tarde, es capaz de anunciar un cronograma de pagos en septiembre que sea más equitativo y corto en el tiempo, habrá empezado a desandar un camino que hasta aquí parecía ir de manera inevitable al estallido social.

Tal como dijeron los representantes gremiales, las propuestas están lejos aún de satisfacer la demanda, por eso el paro va a continuar, los chicos van a seguir sin clases otra semana, y probablemente se mantengan algunos piquetes en las rutas.

Pero el contacto con los dirigentes sindicales -que parecía roto hace una semana- se restableció, y hay un cronograma de reuniones pendiente para los próximos días. El diálogo, los mensajes claros y el cumplimiento de los compromisos, asoman como la única vía para atravesar una crisis muy profunda, que se espera lleve al menos hasta diciembre, y en la que hay muchos actores interesados en arrojar nafta al fuego.

BÚSQUEDA DE FONDOS

Para que se pueda dar cumplimiento a los primeros pasos de este plan, una de las primeras acciones esta semana será la de tomar un endeudamiento en Letras, en un mercado que está lejos de ser el ideal, pero que parece la única herramienta posible a corto plazo para conseguir dinero fresco. 

El ministro Oscar Antonena confía en obtener al menos 1000 millones de los 3250 millones que tiene autorizada la provincia, para poder cumplir con los compromisos más urgentes. Antonena fue convocado por su experiencia en el manejo financiero, por su capacidad para cambiar el perfil de deuda de Chubut. Y deberá demostrarlo de manera urgente. Tiempo no le sobra.

En sus últimas declaraciones, aclaró que llevará al menos 6 meses acomodar toda la ingeniería financiera que requiere poner en orden las cuentas, ante una provincia que hoy no logra recaudar ni siquiera lo suficiente para pagar sueldos. Menos aún para atender cuestiones básicas como la obra social, servicios esenciales de salud y educación, y mucho menos aún, concretar obra pública.

Hasta el momento no se ha tenido respuesta de las gestiones realizadas ante los funcionarios del Ministerio del Interior, ante quienes se trazó un panorama de las cuentas provinciales a la espera de una señal del gobierno nacional.

Ese gesto podría venir de la mano de un ATN, o de un adelanto de coparticipación, o de una postergación de vencimiento de la deuda con el fondo fiduciario federal. Los interlocutores que trabajan a las órdenes de Rogelio Frigerio quedaron en responder, pero hasta ahora sigue sin haber novedades, mientras en su última visita a Buenos Aires, el gobernador Arcioni volvió a mostrarse junto al candidato a Presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández.

PETRÓLEO Y POLÍTICA

A este escenario crítico se suman las medidas nacionales anunciadas de manera desesperada luego del resultado electoral, que perjudican en gran manera a las alicaídas cuentas provinciales

El congelamiento del precio de los combustibles avizora un panorama negro que ya generó la convocatoria a una medida de fuerza de trabajadores petroleros, mientras el gobierno trabaja en un doble frente: el político, con gestiones junto a otros gobernadores ante la Nación para lograr una compensación ante una caída de ingresos del orden de los 2500 millones hasta fin de año; y el judicial, preparando un amparo para frenar el DNU si es que fracasan las negociaciones.

Lo curioso es que la crisis que ahora también amenaza al sector petrolero, logró acercar nuevamente a dos actores que se mostraban distanciados, y que en estos días fueron juntos a reclamar a Buenos Aires: el gobernador Mariano Arcioni y el líder petrolero, Jorge ¨Loma” Ávila.

Éste último asumió en los últimos días una voz en materia política, que puede decir cosas que el mandatario tiene vedadas, como por ejemplo, reclamar al intendente madrynense y vicegobernador electo, Ricardo Sastre, que su silencio y su inacción no ayudan en nada a la provincia para salir de la difícil situación, y que debería demostrar con hechos que no busca que le vaya mal a Arcioni.

Hace un par de semanas, el gobernador y su compañero de fórmula se mostraron juntos en Casa de Gobierno, y compartieron alguna reunión con dirigentes sindicales. 

Pero esa “foto” duró poco, y continúa la sensación de que aquella época de sonrisas de campaña entre Arcioni y Sastre quedó muy lejos. Más allá de que el mandatario provincial lo sigue llamando su “amigo” en declaraciones públicas, no se los ve juntos empujando para el mismo lado. 

Sastre sigue reclamando una amplia convocatoria a todo el arco político, y si bien Arcioni habló de un llamado de concertación, hasta ahora sólo se vio una reunión con diputados de la oposición que terminó de manera abrupta y sin resultados concretos.  

AÑO PERDIDO

Del escenario negro con las detenciones de dos dirigentes docentes en Comodoro y de estar a punto de desalojar las rutas con la fuerza pública el pasado viernes 16, a lograr sentarse y dialogar de posibles soluciones con los mismos líderes gremiales el viernes 23, hay un claro avance. 

Claro que en el medio siguieron los cortes de ruta y hubo multitudinarias marchas y movilizaciones en Rawson, Trelew y Esquel, y es probable que esto no cese en breve.

La gente sigue en la calle y con bronca hacia la clase política, mientras la cadena de pagos sigue cortada, con tarjetas y créditos vencidos. Médicos y farmacéuticos volvieron a suspender prestaciones a Seros, y en algunas ciudades fallan servicios básicos como la recolección de residuos y el transporte.

La crisis no es sólo de los empleados públicos, ya que en una economía con una fuerte presencia del Estado, los bolsillos flacos de maestros, enfermeros, viales y administrativos, impactan en el sector privado, en especial en el comercio que ve afectadas sus ventas de manera escandalosa.

Está instalada la sensación en los vecinos de Chubut de que este año plagado de elecciones va a ser un año totalmente perdido, y que las mayores consecuencias las van a sufrir los alumnos de las escuelas públicas.

De la frialdad en la cabeza de los dirigentes, de un lado y de otro, dependerá que la cuestión se solucione lo antes posible para al menos salvar lo que queda de un 2019 para el olvido.