RAWSON (ADNSUR) - Si hay una tarea complicada desde lo periodístico es tratar de explicar a una Legislatura integrada por 27 diputados que viene de 60 días de inactividad dentro de sus despachos y comisiones, sólo con contactos telefónicos o por videoconferencias, y con bloques que responden a distintos padrinos políticos con una relación cambiante entre ellos, y más volátil aún con el gobernador Mariano Arcioni. 

De todos modos, metidos de lleno en ese intento, hay que decir que una sensación queda a este cronista que pudo observar en vivo la sesión del último martes, y analizar no sólo lo que se vio, sino también lo que no estuvo a la vista; lo que se dijo, pero mucho más lo que no se dijo, o se dijo “sotto voce”: si el Poder Ejecutivo no designa urgente a un interlocutor, un “operador”, un “nexo” que haga de ida y vuelta con los diputados, la gobernabilidad está en serio peligro.

Que no se entienda con esto que hay un clima destituyente, no es la sensación, aunque sí puede estar en la cabeza de algún que otro legislador con intereses creados en otro proyecto político. Pero lo que sí hay que tener en cuenta es que, en su gran mayoría, los diputados no tienen simpatía por Arcioni y no están dispuestos a hacerle fácil absolutamente nada. 

Y la luz de alerta se dispara si uno ve la sesión del martes y trata de imaginarse un futuro a corto plazo: si bien, por temor a la reacción social, se solucionaron las medidas de la pandemia por gestiones y buena voluntad de los diputados –que de todos modos se abroquelaron contra las medidas que le daban potestades a los ministros Massoni y Torres Otarola-, esto no va a ser así siempre: la situación puede ser mucho peor si en el Ejecutivo no se entiende que para conseguir votos hace falta una sola cosa: diálogo, diálogo, y más diálogo.

LOS SIETE

Para seguir con la explicación de este fundamento, es necesario explicar cuál es la foto del momento en materia de posicionamientos, porque algún observador podría argumentar que el partido del gobierno tiene un bloque de 16 que son la mayoría con quórum propio y que no debería tener problemas para sacar los proyectos que necesite. 

La verdad es la siguiente: sólo hay en estos momentos 7 diputados con la camiseta puesta por Arcioni, lo que quiere decir, que estarían dispuestos a levantar la mano por los proyectos del Ejecutivo. Son Juan Pais, Graciela Cigudosa, Roddy Ingram, María Cativa, los petroleros Carlos Gómez y Emiliano Mongilardi (siempre y cuando se mantenga el acuerdo político entre el gobernador y su líder, Jorge “Loma” Ávila) y el cordillerano Pablo Nouveau (aunque su pertenencia a la agrupación Ramón Carrillo puede dejarlo atado a cómo siga la relación del ministro Fabían Puratich dentro del gabinete).

Apenas 7 diputados es un número muy bajo para un gobierno que necesita tomar medidas de fondo en un panorama de crisis extrema, ya que necesita salir a convencer al menos a otros 7 para conseguir mayoría simple. ¿Qué pasa con los otros 9 diputados del oficialismo? Los tres diputados que responden a Adrián Maderna (Lloyd Jones, Giménez y Chiquichano) mantienen un apoyo sin entusiasmo: por ahora levantan la mano, pero no están dispuestos a inmolarse por el gobierno, y son los que más reclaman por la “falta de diálogo”. 

Han pedido audiencia con el gobernador hace meses y aún se quejan por no poder hablar “cara a cara” con Arcioni o con alguien que lo represente. Mantienen un respeto total al intendente trelewense, que ha tenido serios encontronazos con Fontana 50 –el último fuerte por el reparto de ATN- y pretenden que se cumplan “algunas promesas hechas en campaña”. Es un sector que aún da margen al gobierno porque “no queremos hacerle mal, pero no sabemos hasta cuándo, hasta acá nos sentimos ninguneados”, confesó a esta columna un miembro de ese trío.

Luego está un grupo de 4 diputados, tres que responden de manera incondicional al vicegobernador Ricardo Sastre (Williams, Antin y Gabella), y una cuarta (De Lucía) que hace lo que le marca su referente, el dirigente mercantil Alfredo Béliz, hoy alineado con el presidente de la Cámara. 

Claramente no son diputados que respondan al liderazgo de Arcioni, sino que sus posturas dependerán de la manera en que se posicione su jefe político, quien como se sabe, mantiene una relación “institucional” con el gobernador, una especie de tensa calma que no es la guerra declarada de hace tres meses, pero que tampoco es de ninguna manera una alianza. La relación Arcioni-Sastre no tiene retorno, nunca volverá a ser una sociedad, pero al menos en los últimos tiempos ambos lograron restablecer el diálogo y cerrar algunos acuerdos –por ejemplo la salida de Osvaldo Sala de la Administración Portuaria- aunque siempre estamos hablando de algo inestable, para nada firme, que hoy está atado con alambre y puede romperse ante cualquier infortunio.

Y para el final –en este panorama del bloque de la mayoría- quedan dos diputadas que se podrían definir como aisladas, sin grupo o padrino político: una es la esquelense Zulema Andén, que viene de repetir en la lista junto a Ingram desde la Legislatura pasada. 

Si bien Arcioni le respetó su lugar, dicen en el bloque que la legisladora no oculta su bronca por el “destrato” que sintió por la falta de un llamado desde junio, mientras vivía una situación de salud angustiante en lo personal. Hoy repite a quien quiera escucharla que ella no va a votar nada en contra de su voluntad, porque no debe ningún tipo de favor. Un caso que reclama “diálogo” a gritos.

La otra legisladora que merece un análisis aparte es la ex intendenta de Rawson, Rossana Artero, quien está en las antípodas del gobierno y a diferencia de sus pares, lo quiso dejar en evidencia en la última sesión, al intentar aprobar sobre tablas un proyecto para impedir el arribo de Javier Alvaredo a la presidencia del Banco del Chubut. 

La iniciativa buscó atentar claramente contra una propuesta del gobierno, y esto llevó a decir públicamente a Arcioni que ya no la considera como oficialista, por lo que no debería sorprender que en los próximos días se oficialice su ruptura hacia un bloque unipersonal. Para tener en cuenta, en este caso hay una clara sintonía con el principal diputado opositor al gobierno, el justicialista Carlos Eliceche, con quien Artero compartió boleta en las elecciones de 2011.

UNA FIGURA CON VOLUMEN POLÍTICO

Una vez aclarado el complejo panorama dentro del oficialismo, hay que agregar que hasta aquí, los dos bloques de la oposición (la primera minoría del PJ con 8 diputados y los 3 de Juntos por el Cambio) se vienen comportando de una manera impecable, quizás con discusiones hacia adentro, pero con una imagen de absoluta cohesión. 

Es decir que no le ofrecen “grietas” al gobierno por donde colarse: se mueven de manera compacta. Pero tienen algo en común con sus colegas del bloque mayoritario: también reclaman diálogo, ya que dicen tener mucho para aportar si es que el gobierno los llegara a llamar a una reunión, pero se quejan de la misma falencia, y es la falta de un interlocutor con Fontana 50.

Y aquí volvemos al punto central de nuestra columna: saber si el gobierno coincide en este diagnóstico y si está dispuesto a buscar ese diálogo con los diputados. Y en segundo lugar, si existe una figura con el volumen político necesario y que además sea de la absoluta confianza del gobernador Mariano Arcioni como para encarar este desafío. 

Claramente, la figura ideal no era Rafael Cambareri, operador fuerte tiempo atrás pero que parece haber perdido poder en los últimos meses, algo que fue festejado por buena parte del gabinete y de los mismos diputados propios y ajenos, que entendían que la manera de hacer política del experimentado dirigente comodorense no le hacía bien al gobierno.

En el entorno cercano al mandatario, su “círculo rojo” de mayor confianza tanto dentro del gobierno como en la misma Legislatura, dice tener un nombre “ideal” para ese puesto de negociador. Ocurre que esa figura hoy ocupa otro puesto importante en el gabinete que debería dejar a un lado para tener el tiempo suficiente para ocuparse de este nuevo menester, que debería ser “full time”, a teléfono abierto las 24 horas con los 27 diputados.

Dos nombres podrían haber ocupado ese lugar en una situación ideal, pero están descartados por distintas razones: uno es el vicegobernador Ricardo Sastre, que tiene experiencia, volumen político y buena relación con la mayoría de los actores, pero le falta un requisito indispensable, que es una relación de estrecha afinidad con Arcioni. Jamás podría ser su vocero ante los diputados porque la relación entre los dos es de permanente desconfianza, por razones atendibles de ambas partes. 

Por más que estén viviendo un momento de tregua, conviviendo en el ejercicio del poder, tanto el uno como el otro se contabilizan promesas incumplidas y falta de palabra en el pasado reciente, y se ven mutuamente, más que como aliados, como dirigentes que están en veredas opuestas y con distintos intereses.  

Descartado por razones obvias el nombre de Sastre, el otro que podría haber ocupado ese rol es el presidente del bloque oficialista, el joven abogado comodorense, Juan Pais, quien sí mantiene un excelente diálogo con el gobernador Arcioni. 

Pero la tarea parece de imposible cumplimiento para una sola persona que tuviera que ocuparse de los dos roles a la vez, ya que Pais está abocado al trabajo legislativo, como demostró el lunes y martes pasado, quedándose en solitario redactando las leyes alternativas a los DNU de la emergencia que después fueron aprobadas por unanimidad. Una cosa es el trabajo dentro de la Cámara, coordinando el trabajo hacia adentro de un bloque muy difícil y a la vez trabajando en detalles a cada uno de los proyectos con los diputados de la oposición, y otra hacer al mismo tiempo el rol de nexo con el gobierno, manejando los tiempos y los temas. En el contexto actual, parece mucho trabajo para Pais y para cualquiera.

La política tiene muy mala prensa y es mal vista por el común de la sociedad, pero es la que resuelve los problemas. La negociación, en el buen sentido de la palabra, es lo que demanda el sistema democrático para poder funcionar. 

Ese rol que pueden haber jugado en su momento figuras como Enrique “Coti” Nosiglia en el gobierno de Raúl Alfonsín, Carlos Corach en la gestión de Carlos Menem, o el mismo Alberto Fernández en épocas de Néstor Kirchner. O para venir al plano local, hay que bucear hasta el período 2003-2007, cuando el tándem Das Neves-Yauhar-Touriñán funcionó de manera impecable en la Legislatura, claro que en una época donde las cuentas cerraban.

Hay algo que también es cierto, esta falencia que muestra la gestión Arcioni en la falta de diálogo con los diputados se observó el último gobierno de Das Neves, donde el fallecido gobernador intentó hacerse cargo él -mientras se lo permitió su salud- de cerrar algunos acuerdos junto a Jerónimo García como alfil, con un resultado dispar, y también lo sufrió el gobierno de Martín Buzzi, que por citar un caso, llegó a cometer el papelón de someter a un juicio político al ministro del STJ, Alejandro Panizzi, sin tener los votos en la Sala de Juzgar. De hecho, ese gobierno jamás logró cerrar acuerdos para ocupar las vacantes en el STJ.

ALVAREDO, EL PRÓXIMO ROUND

Más allá de la otra discusión, que tiene que ver con las alternativas que encuentre la Cámara para poder sesionar más allá de las medidas de fuerza del personal legislativo por el atraso en el pago de haberes, el próximo round entre el gobierno y los diputados pasa por el pliego para dar el acuerdo a la designación del economista Javier Alvaredo como nuevo presidente del Banco del Chubut, en reemplazo de Julio Ramírez. El hombre fue convocado por la comisión de Asuntos Constitucionales para el próximo 27 de mayo, y el “poroteo” está a la orden del día.

El oficialismo no la tiene nada fácil para obtener los 14 votos, ya que los 8 diputados del PJ junto a Rossana Artero y alguna legisladora más del oficialismo estarían por la reforma del estatuto para exigir un nombre con residencia en Chubut. Así las cosas, el panorama muestra que puede ser decisiva la opinión de los 3 legisladores de Juntos por el Cambio, que hasta aquí no han mostrado sus cartas, y también de los diputados que responden a Ricardo Sastre, con quien el gobierno cree tener cerrado un acuerdo por este nombre, aunque una legisladora de su sector dijo a esta columna que “conmigo nadie habló, y yo comparto que el presidente tiene que ser de acá”, por lo que se abre un signo de interrogación.

El gobierno se juega mucho en esa parada, ya que después vendrá la discusión por los proyectos de autarquía, y probablemente más iniciativas con medidas no del todo populares, que buscarán acomodar el gasto provincial a los ingresos. Está claro que la postura de los diputados no es hacia Alvaredo, a quien ninguno conoce personalmente, sino contra el mismo Arcioni, a quien le plantan bandera y buscan demostrarle que no tiene los votos como para imponer un nombre en un cargo de esa magnitud. 

Será una nueva oportunidad de mostrar habilidad en la negociación, porque está claro que muy pocos levantarán la mano por obediencia debida. Habrá que ver si el gobierno toma nota del peligro que corre no tanto Alvaredo en el banco, sino la misma gobernabilidad.