El 24 de noviembre de 2018 un grupo de hinchas de River lanzó piedras y botellas contra el micro de los jugadores de Boca, rompió los vidrios, hirió a los futbolistas y cambió la historia del fútbol argentino. La final de la Copa Libertadores fue mudada a Madrid, lejos de los hinchas que, salvo algunos afortunados, tuvieron que mirarlo por TV.

Esta noche, un micro blindado, drones, unos 1.700 efectivos policiales serán parte de un impresionante operativo de seguridad que buscará contener cualquier tipo de hecho de violencia para que el encuentro de ida de la semifinal de la Copa Libertadores entre el Xeneize y el Millonario se juegue en paz.

Tras ese partido frustrado de noviembre, Boca colocó vidrios antivandálicos en el micro que traslada a los futbolistas para que nunca más se sufran incidentes extrafutbolísticas.

"Llevaron un auto al predio de Boca en Ezeiza con los mismos vidrios blindados que se le pusieron al micro y hasta los mismos jugadores le pegaron con una maza y no se rompen. O sea, se rompe el vidrio de la parte de afuera, se astilla, pero para adentro no pasa nada, Mirá que le pegaron fuerte, eh", dijo al diario Olé Darío Rubén Ebertz, chofer del autobús que traslada a los jugadores.

En consonancia con esto, horas antes del trascendental cruce entre River y Boca, la Confederación Sudamericana del Fútbol (Conmebol) lanzó una "campaña para erradicar la violencia en el fútbol sudamericano" llamada "El fútbol es un juego, la violencia no".

"La campaña se activa coincidiendo con el inicio de las semifinales de la Conmebol Libertadores con el objetivo de que la violencia no empañe el brillo de esta fase final", informó el organismo.

La campaña está compuesta por imágenes que realizan "analogías llamativas entre jugadas de un partido y situaciones de violencia que impiden disfrutar del espectáculo".